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Historia de la Radio en Yaracuy
 
Aquí está el Sonido Digital. Una información ya Histórica
 
María Luisa Escobar. Una gran Venezolana
 
Ariel Ramirez. Mis Recuerdos
 
El Programa de Radio
 
Las Tertulias de la Cátedra Libre
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

ARIEL RAMÍREZ. Mis recuerdos

En el año 1999, gracias a la insistencia del nunca olvidado Oscar “Cacho” Valles, (excelente autor y compositor argentino, integrante del famoso grupo Los Cantores de Quilla Huasi),en sus propios predios, su oficina de SADAIC, tuve la dicha de conocer al gran Maestro Ariel Ramírez. Para cualquier ser humano, amante de la música y un poco conocedor del hermoso Folklore Argentino, aunque hubiese sido “saludar” a Ariel Ramírez constituía un gran acontecimiento. Es de los personajes que era IMPOSIBLE verlo aunque fuese de lejos y, allí estaba esta venezolana, con dos de sus hijos, no sólo hablando con Ariel (como dijo inmediatamente que le dijera, nada de señor), sino oyendo en ese hermoso piano que presidía su despacho, nada más y nada menos que LA ZAMBA DE USTED.

Tocada magistralmente en honor a mi hija Leonor, pues ella le había comentado que era su zamba preferida, que la oía siempre con su “papi”. Su secretaria, la amable María Inés, se asomaba a la puerta del despacho “asombrada” que el Maestro estuviese sentado al piano, ante tres desconocidos. Pasó algo vergonzoso, para nosotros como venezolanos, el Maestro, para halagarnos tocó una pieza de nuestro folklore y ninguno de nosotros la identificó. Resultó ser el vals: Adiós, a Ocumare.

Su amabilidad lo llevó a invitarnos a su casa a compartir unos vinos y regalarnos varias interpretaciones al piano.

Tuvimos la suerte de conocer a Inés, esposa, compañera, el amor y la memoria de su amado. Fue una noche inolvidable. Mario llamó desde Venezuela, no sólo habló con Ariel, sino con uno de sus ídolos: Cacho Valles.



Foto 1. El Maestro Ariel Ramírez, en su casa de Lezica, Buenos Aires, cuando fue a interpretar LA ZAMBA DE USTED. En la foto. De derecha a izquierda: Nancy S. de Baptista, Beba de Valles, Marianne Leonor Baptista Sánchez y Cacho Valles.

Posteriormente nos fuimos a cenar esa noche, en compañía de Cacho Valles, su esposa Beba y dos músicos rockeros (cuyos nombres he olvidado).

Debo señalar en estas notas, que Cacho Valles, dijo lo siguiente sobre las interpretaciones de Ariel: “La única versión de “La compañera”, que me ha hecho llorar, es una que le oí a Ariel, interpretándola al piano”. Por supuesto, de inmediato Ariel, la interpretó en uno de los pianos de su casa, pero no en el que compuso Alfonsina y el Mar.

La noche antes de nuestro regreso a Venezuela, Inés y Ariel nos invitaron al espectáculo de SEÑOR TANGO. Con semejante compañía tan importante, a pesar de que la reserva fue a última hora, nos situaron en una mesa que era prácticamente la mejor para apreciar el show. En un momento, se acercó uno de los dueños y el Maestro se levantó, fue hasta el piano e interpretó un carnavalito, acompañado de un charanguista muy joven. Sus palabras siguieron siendo un honor para nosotros: “Nunca hago esto, pero hoy en honor de tres amigos venezolanos, amantes del folklore argentino, he tocado una pieza y quiero agradecer al joven charanguista que me acompañó de manera magistral”. Años después, en el 2004, conocí a un argentino que nos comentaba, que sólo había visto una sola vez a Ariel Ramírez tocando el piano y relató mi recuerdo de Señor Tango. Su sorpresa fue inmensa, cuando le respondí: “esos venezolanos éramos mis dos hijos y yo”.

Al año siguiente, en mayo de 2000, con motivo de asistir a Caracas a una reunión de las Asociaciones de Autores y Compositores de Latinoamérica, Ariel e Inés nos honraron con una visita a Barquisimeto. Fue una visita netamente familiar, no se enteraron periodistas, ni nadie de la farándula. La Universidad nuestra, a través de su Director de Cultura, el Dr. Marco Tulio Mendoza, invitó a una serie de músicos de conjuntos típicos de la región a darle un concierto en nuestra casa. No tenemos idea como se “filtró” esta visita, pero jamás ha pasado por mi casa tanta gente, músicos con cuatro, guitarras, maracas, un pequeño piano portátil (que al Maestro le pareció pequeñismo), violín, cantantes, amigos amantes de la música, nuestra familia política de origen uruguayo y muchos más que ansiaban aprovechar esta visita para conocer al gran Ariel Ramírez, además debo decir que Inés, con su dulzura conquistó a todo el mundo. Recuerdo que a las 6 de la mañana, corrí de la puerta de mi casa a las últimas personas. (El Maestro se había retirado como a las 3 de la mañana, con inmenso deseo de tocar un piano, pero que fuera grande).

Al día siguiente, domingo, nos habíamos comprometido a llevarlos a La Misión, un sitio idílico, donde se observa la belleza de nuestra lujuriosa selva tropical y eso queda a 1 hora por autopista, en el Estado vecino de Yaracuy.

Al llegar, estuvimos en los hermosos jardines, con una variedad muy importante de flores tropicales. Luego, con otro amante de la música: Héctor Camacho Aular, nos fuimos hacia el comedor y allí sucedió algo que hemos comentado hasta la saciedad: el pianista (brasileño), que está en ese comedor, estaba interpretando “LA TRISTECITA”. Podemos decir que nadie sabía de la visita del Maestro. Constituyó una agradable sorpresa para todos nosotros. Por supuesto, el Maestro de inmediato se sentó al piano y nos dio un verdadero concierto.

De allí, nos fuimos a la casa de Héctor Camacho, situada en San Felipe, Estado Yaracuy. El Maestro pudo saciar sus ansias de tocar el piano y acarició el instrumento hasta que quiso, interpretando muchas de sus piezas. De todo esto tenemos sólo algunas fotos y el recuerdo que nunca se borra de nuestras mentes y corazones.



Foto 2: En casa de Héctor Camacho, el Maestro (trajeado tropicalmente), interpretando al piano una de sus creaciones. De derecha a izquierda: Mario Baptista T., Coromoto de Camacho y Héctor Camacho Aular.

Al otro día tenían que partir, compromisos al comenzar la semana, los obligaban a regresar a Buenos Aires. Algo muy bello nos dejó Ariel, lo invitamos y quiso acompañarnos a conocer a un amigo nuestro, ya mayor Don Manuel Herrera, quien estaba muy enfermo, recluido en su casa. Creemos que esa visita le alargó unos meses de felicidad en su penosa enfermedad, tenía siempre a su lado las fotos que le tomamos con el Maestro, para decirle a los amigos que lo visitaban, el gran honor que había recibido teniendo a su lado a ese grande de la música que tanto admiró.

Luego de esta visita a Venezuela, han sido muchas las veces que hemos estado en su casa de Buenos Aires y en su granja “Entremos”, aledaña a Ezeiza.

Allí hemos compartido, disfrutado y gozado de esas creaciones que durante su vida ha compuesto. De los asados y largas conversaciones con amigos de su familia que se han hecho nuestros, como Carlos Lastra y Ramón Navarro, entre otros importantes.

Tener el privilegio de su amistad, constituye haberlo conocido como un ser humano, sin la aureola del famoso compositor. Así me he explicado por qué su vena de creador le ha hecho producir melodías tan bellas, intemporales y que llegan al alma. Sólo con su calidad humana ha podido llevar al pentagrama las notas de tantas canciones que han sido emblemáticas en el pasado, se escuchan en el presente y perdurarán en el futuro para gloria de la música argentina.

Estas notas no corresponden a una biografía de tan querido maestro, constituyen parte del recuerdo que ha quedado en mi corazón, transmitido a diario a mi familia y amigos, pero que quise escribir en esta revista, para que otros puedan saber de ese hombre, de quien escribo sólo con el corazón y mucho sentimiento.

Nancy J. Sánchez de Baptista

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