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La obra de René
Rojas Lucambio. El gran compositor Yaracuyano.
Sus años de
Músico popular
Héctor Camacho
Aular
Cuando la música cobija a una
persona, con su manto sagrado de melodía y
armonía, difícilmente podrá deshacerse de sus
embrujos el resto de sus días. Rápidamente
comenzara a sentir una sensación de goce
interior que no vacilará en darlo a conocer en
su momento oportuno. Tal será el hechizo que
dejará de un lado otras ocupaciones
profesionales para entregarse, con solemnidad, a
los sonidos exquisitos de su propio yo para
conocer, de una vez por todas, su verdadera
identidad. Primero vendrá el aprendizaje
aventajado con sus maestros. Después llegarán
los primeros frutos del meloso pentagrama, que
en principio disfrutará y compartirá con sus
allegados, y después con los fanáticos de su
arte. Más adelante subirá, sin tropiezos, los
escalones afinados de la fama. Finalmente,
regresará a las aulas de su infancia, esta vez,
como maestro iniciático de nuevas juventudes
musicales. ¿ Quién podría ser la persona?. La
respuesta nos lleva deliberadamente al músico
yaracuyano René Rojas Lucambio.
DE CAMPO ELÍAS
TENÍA QUE SER
Nace en Campo
Elías, estado Yaracuy-Venezuela, el 2 de agosto
de 1928, séptimo hijo del matrimonio de María
Lucambio de Rojas y Manuel Felipe Rojas,
próspero hacendado y gran amante a la poesía y
de la literatura. Desde muy pequeño sintió
fuerte inclinación por el mundo de la música
contando en sus años de infancia con la tutoría
de la pianista y compositora yaracuyana Blanca
Estrella.
En San
Felipe estudia la primaria en la Escuela “Padre
Delgado”, donde interviene en los actos
culturales demostrando su fresco potencia
musical. Luego emigra a Barquisimeto, para
continuar su preparación en el Liceo “Lisandro
Alvarado”, ocasión que aprovecha para tomar
clases particulares de piano con la profesora
Doraliza Giménez.
MUELAS, DIENTES Y
CANCIONES
Al
graduarse de bachiller, logra inscribirse en la
Facultad de Odontología de la Universidad
Central de Venezuela, culminando su carrera en
la Universidad de los Andes, donde obtiene el
título de Doctor en Odontología, en 1953,
profesión que ejerce con dignidad y orgullo por
algún tiempo, alcanzando a tener un consultorio
odontológico privado, en compañía de su colega
Castor Velásquez, el cual tenía a la entrada del
mismo una llamativa placa de arcilla diseñada
por su amigo Carlos Cruz Diez, que decía: “Se
sacan muelas y se componen canciones”. Por estos
años, compone el Himno del Colegio de
Odontólogos de Venezuela.
Pero
sería la música su verdadera pasión y vocación
por el resto de sus días. A los 19 años compone
formalmente su primer bolero: Evocación. En
breve, se convierte en éxito en las voces de
Eduardo Lanz y de Mario Suárez. Un año después,
el 17 de agosto de 1948, conoce al tenor Alfredo
Sadel en casa de Blanca Estrella,
estableciéndose entre ellos una estrecha amistad
muy profesional, que lo animó a seguir
componiendo otros temas populares. De su mente
amplia y prodigiosa saldrían: Anoche te ame,
Solo en la noche, Sufre mujer, Alma pasional,
Clamor, Déjame olvidar, Repaso, Luna callada, De
que vale decirlo, En cualquier lugar, Canto
triste, Canción de cuna para la tarde, Chipolita
mía, Contemplación, Maria Margarita, Paisaje
azul, Mi niña de diez, Vals para un niño, A mi
jardinera, Un son para niños antillanos, Un
bolero para el samán de güere, El gasero y otros
más.
TESTIMONIOS
DISCOGRÁFICOS
Las
primeras composiciones grabadas de René Rojas
Lucambio, nos señala el coleccionista de música
hispanoamericana Mario Baptista Troconis, fueron
realizadas en disco de 78 rpm y entre ellas
destacan: Alma pasional, con Vinicio Adames y la
Billo´s Caracas Boys (no comercial), Sufre
mujer, en la voz de Alfredo Sadel, acompañado
por la orquesta de Ulises Acosta (Rex 2-B,
1949), Anoche te amé: Vinicio Adames con la
Billo´s Caracas Boys (no comercial), Alfredo
Sadel y el conjunto de Eduardo Rengifo (Reha
164A, FP640, 1950), Oscar Alvarado con el
conjunto de Manuel Ramos (Rex 1194, 1951);
Leyenda, Miguel Briceño y la Billo´s Caracas
Boys (Hit 29B, 1950), Déjame olvidar, Alfredo
Sadel en compañía de la orquesta de Ulises
Acosta (Reha 178-A, FP671, 1951); Clamor, Rubén
Osuna con la orquesta Ulises Acosta (Son A12,
1952); Sufre mujer, Alfredo Sadel y la
agrupación de Pedro J. Belisario (Ritmo 12-09B,
1951), y Evocación, Rubén Osuna con la orquesta
de Ulises Acosta (Son B-12, 1952).
Años mas
tarde, el tenor favorito de Venezuela graba en
la Habana, en 1958, bajo la dirección del propio
René Rojas Lucambio, el histórico larga duración
“Sadel en Canciones de René Rojas” (L.P 1004,
Sonus 1958). Más adelante, Jesús Sevillano
incluye en sus L.P: “Canciones Venezolanas” (Polydor,
1969) y “Canciones Venezolanas” Volumen III (Polydor,
1970), los atractivos temas Contemplación y
Paisaje azul, respectivamente. Tres años
después, La Rondalla Venezolana incluye en el
álbum “Rondalla Venezolana. Volumen II (Palacio,
1973), el bolero Anoche te amé. En los ochenta,
Raquel Castaños graba El niño de Yaracuy en el
L.P “Parrandas y Aguinaldos” (Colibrí, 1982);
esta pieza también seria seleccionada por La
Síncopa Criolla e incluida en el larga duración
“Música Popular Navideña” (Araguaney, 1985). Un
año antes, esta agrupación vocal habia grabado
el hermoso vals Canto a Yaracuy, para el L.P “La
Sincopa Criolla” (Araguaney, 1984).
DE MÚSICO POPULAR
A COMPOSITOR ACADÉMICO
René
Rojas Lucambio, en su continuo afán de
superación logra también terminar sus estudios
en la Escuela Superior de Música “José Ángel
Lamas”, siendo alumno destacado de los maestros
Antonio Estévez y Primo Casale, en la cátedra de
armonía y de contrapunto y orquestación,
respectivamente.
En 1959,
becado por la UCV y la ULA, se marcha a Europa.
En París, estudia armonía y composición con
Nadia Boulanger; dirección de orquesta con
Robert Blot y musicología con Jacques Chailley.
Luego en Bélgica, se inscribe en el
Conservatorio Real de Bruselas, donde asiste al
curso de dirección de orquesta, ofrecido por el
profesor René Defossez. Finalmente, en 1978,
estudia pedagogía musical en el New England
Conservatory, en Boston.
Luego de
recibir estos cursos de perfeccionamiento
regresa a Venezuela donde participa en varios
eventos como director invitado de las mas
prestigiosas orquestas de música académica del
país, dejando siempre constancia de su talento y
disciplina. Interviene activamente en el
movimiento coral universitario de la UCV. Dicta
cursos de mejoramiento profesional en las
principales escuelas de música del país.
Además, funda con solemnidad y orgullo el
Instituto de Música Experimental Infantil “René
Rojas”, donde aprovecha para difundir sus obras
infantiles a sus alumnos.
Como compositor de música académica
destacan sus obras: Tres acuarelas para quinteto
de cuerdas, Tres movimientos para orquesta de
cuerdas, Cantata profunda La Hilandera para
orquesta, coro y solista (texto Andrés Eloy
Blanco), Semblanza para orquesta sinfónica, La
historia de un caballo que era bien bonito para
la orquesta sinfónica y narrador (texto Aquiles
Nazoa), Suite Moleiro, Ave María para piano,
solo y coro mixto, Libérame, para coro mixto a
capella, La veragacha, un ballet para Taormina
Guevara, Tres acuarelas para quinteto de
vientos, Tres movimientos para orquesta de
cuerdas, El repertorio de los grillos. Volumen
I y II, Canciones infantiles para voz y piano,
entre otras.
Todo la
narrado anteriormente, sobre el fructífero y
admirable trabajo desarrollado por René Rojas
Lucambio en este mundo, nos lleva a precisar que
su obra musical estuvo diseminada tanto en la
composición popular, donde su creatividad se
aferró con lealtad y elegancia al fino
romanticismo reinante, como en los prados
académicos, en el cual fue capaz de cautivar,
con su arte, la atmósfera reflexiva de un
publico exigente y a la vez ansioso de conocer
la descarga emocional de sus obras. Tuvo también
un decidido empeño para deambular con soltura
por el mundo blanco de su niñez, esta vez como
maestro y creador de canciones benditas y
agradecidas, que se mantendrán por siempre.
René
Rojas Lucambio fue un extraordinario cultor y
defensor de la buena música de allí que las
enseñanzas a sus discípulos fueran exigentes
pero, a la vez, inolvidables.
Murió en
Caracas, el 9 de marzo de 2000. |