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En un excelente trabajo publicado
en la edición nº 63 de la revista "Club de
Tango", se transcribe un capítulo especial del
libro "La inmigración italiana y su influencia
en el tango" de Ricardo Ostuni que incluye un
amplio inventario sobre las composiciones
pertenecientes al género de la música ciudadana
del Río de la Plata cuyas letras se han
inspirado en la inmigración italiana.
En la parte
inicial de dicho trabajo el autor analiza las
diversas motivaciones que dieron lugar a las
historias que narran las letras de dichas
composiciones, señalando que "... su
tratamiento fue dispar, pintoresco a veces,
otras doliente, trágico, efusivo y nostalgioso,
pero siempre fiel al prototipo del fenómeno
inmigratorio de la Italia peregrina ..." (op.
cit. pág. 10), trayendo a colación un
agrupamiento clasificatorio que reconoce la
categoría de temas "elegíacos y dramáticos",
basados en la nostalgia motivada por el dolor
del desarraigo y la consecuente nostalgia por
la tierra natal, En un segundo grupo quedan
aquellas canciones que tratan el tema de la
"pasión", ejemplificado generalmente por las
historias que hablan del amor que retiene
definitivamente al inmigrante lejos de su lejano
"paese", relación a veces tan doliente y
frustrante que deja heridas en el alma hasta el
punto de conducirlo a una vida desgraciada que
generalmente, queda simbolizada por la
presencia habitual en un bar o bodegón para dar
rienda suelta a su apego a la bebida en busca de
olvido, consuelo o resignación. En un tercer y
último grupo Ostuni incluye el tema del
"fracaso", apareciendo la decadencia y el
consecuente abandono personal, cuando el fracaso
agudiza la insatisfacción y resalta la
desilusión frente a la vida miserable que le ha
ofrecido la tierra de promisión que ha elegido
para el destierro voluntario, muy lejos -por
cierto- de la esperanza que tenía al embarcarse
para "hacer la América", tal como se
acostumbraba a decir a fines del siglo XIX y
principios del XX.
A modo de humilde
aporte al esfuerzo intelectual realizado por el
mencionado autor para comprender el pensamiento
y las actitudes adoptadas por el inmigrante en
la tierra que lo acogió, corresponde agregar un
agrupamiento que resalta el aspecto positivo del
desarraigo, es decir, aquellos casos en que
consigue encarrilar su vida en la Argentina
sobre la base del trabajo fecundo, la familia
bien constituida y la descendencia nativa que lo
retiene definitivamente en América.
En las tres
primeras categorías Ricardo Ostuni brinda
numerosos ejemplos, mereciendo destacarse los
títulos que forman parte del primer grupo, a
saber: "La violeta" de Nicolás Olivari,
"Aquella cantina de la ribera" de José
González Castillo y "Canzoneta" de
Enrique Lary, siendo particularmente expresivo
el contenido de la letra de "La canción del
inmigrante" de Enrique Cadícamo, dado que
mezcla el dolor del desarraigo y la añoranza del
amor materno con el fracaso amoroso que lo ata
al bodegón y al vicio de la bebida, temática que
también aparece desarrollada en "La cantina"
de Cátulo Castillo. La evocación de los seres
queridos lleva implícita la admiración y el
orgullo por el esfuerzo de los progenitores para
la crianza y educación de los hijos, situaciones
que quedan marcada a fuego en los tangos "Giusepe
del zapatero" y "Niño bien", aunque
en este último en grado de reproche por la vida
licenciosa del hijo del inmigrante.
La sucesión de
letras que hablan del "barco italiano", la "mamma",
la "ragazzina", el "paese", la "canzoneta", "el
cuore" y el "conventillo" demuestran la
sensibilidad del poeta tanguero en el
tratamiento de los temas relacionados con la
inmigración italiana, quedando ello expuesto en
los títulos que ofrecen esas características en
el cancionero popular ciudadano. El repositorio
de canciones inspiradas en Italia y/o los
italianos incluye -según Ostuni- a los tangos
"La cabeza del italiano", "Domani", "Giacumín",
"Giacumina", "Ya no cantas chingolo", "Carnaval
de antaño", "Tinta roja", "Adiós Nonino", "Qué
me querés vender", "El último organito", "Addio
amore", "Barrio alegre", "Cachadora", "Carnaval
de antaño", "Cocoliche", "Che, italiano", "Chichipía",
"Cafetín", "Al Buenos Aires que se fue", "El
ciruja de Sorrento", "El conventillo", "El
gringo", "El poncho del amor", "El tano", "Giulio
Césare", "Gringo Vicente", "Gringuita", "Hay que
vivirla", "Il pícolo navío", "Junada", "Lloró
como una mujer", "Misa rea", "Nunca es tarde", "Oh,
mamma mía", "Oro muerto", "Padrino pelao",
"Silbando", "Talán ... talán", "Tanita de la
proa", "Tango de la budinera", "Tirale manteca
al gringo", "Un tal Caín" y "Viejo ciego".
No obstante la
amplitud del listado que antecede, aparecen
otros títulos del cancionero popular
relacionados con Italia y los italianos,
destacándose la escasa difusión de algunos de
los que se citan a continuación a pesar de la
fama de sus autores y compositores. En primer
lugar merecen recordarse los que tratan la
temática de la nostalgia, tal como se advierte
en el vals "Náufrago", del genial actor
Fidel Pintos con música de Luis Rubinstein,
donde el protagonista no encuentra consuelo por
la pérdida de sus afectos debido a un desarraigo
obligado por las circunstancias, especialmente
cuando recuerda que "... tenía en Italia los
besos en flor de una ragazzina que le dio su
amor y fue por su bien que se echó a rodar, y al
fin se sintió naufragar. Ya nada le importa su
sueño quedó en el gris del puerto que lo recogió
dolor de añorar, llorando un amor que ya es
imposible olvidar", advirtiéndose la misma
semblanza en la letra del tango "Barcos
amarrados" de Juan F. Mazzaroni y Julio P.
Navarrine, cuando sus versos señalan que "...
un gringo curda rezonga en un cantar, quizá
recordando su patrio rincón ...".
Cuando las
corrientes inmigratorias eran masivas, la
angustia resultante de la soledad y la añoranza
se atenuaba al estrechar vínculos con otros
connacionales, favoreciendo la formación de
nuevas familias aún cuando a veces los padres
sobrepasaban la voluntad de sus hijas a fin de
arreglar casamientos con "paesanos" sin la
presencia del amor, tal como se destaca la letra
del tango "Gajitos de cedrón" de Alfredo
Navarrine y Mario Pardo, en la parte donde el
enamorado le reprocha a la amada su sumisión
diciendo: "... sólo queda el reflejo de
tantos lindos domingos; te casaron con un gringo
que tenía mucha plata ...".
Sin embargo, el
verdadero efecto de la nostalgia surge en las
reminiscencias de la tierra natal, tal como
observaba Ostuni al recordar la letra de "Canzoneta"
("Soñé Tarento, con cien regresos ...") o
como dice el autor de "Canción del
inmigrante" con dramática añoranza: "Sol
de Nápoles lontano, mare azurro, sueño verte
...", agregándose como ejemplo "Nápoles
de mi amor", un tango olvidado de Dante
Gilardoni y Arturo Gallucci, tal vez porque lo
grabó Tito Reyes en los comienzos de su carrera
como vocalista de la orquesta poco difundida de
Roberto Caló, pues incluye en su estribillo una
sincera declaración de amor a la tierra natal
por medio de versos que salen del corazón, tal
como se desprende de las estrofas que dicen:
"A pesar de la distancia quiero yo enviarte mis
canciones desde aquí. Tierra querida, tú no
sabes, cuantas veces pienso en ti. Nápoles de mi
amor, cuando ti voglio vere, te mando en mi
canción la voce y el mío cuore. Quiero que sepas
tú que siempre te amaré".
Muy diferente es la posición del
inmigrante que llegó a nuestro país a mediados
de la década del cuarenta, cuando la postguerra
dejó dolor, decadencia y miseria en el viejo
continente, convirtiéndose la Argentina en un
verdadero paraíso para quienes habían perdido la
esperanza del resurgimiento, tal como se aprecia
en el tango "Una carta para Italia", de
Reinaldo Yiso y Santos Lipesker, cuando el
inmigrante recién llegado le escribe a su madre
para contarle el futuro que avisora en Buenos
Aires y le pide que transmita a su amada el
siguiente mensaje: "Decile
a la Rosina que siempre pienso en ella, que yo
en la Argentina trabajo por los dos, que cuando
estemos juntos aquí nos casaremos y juntos le
daremos las gracias al Señor
...", sin reservarse el resabio y el
dolor que les dejó la guerra cuando expone su
sentimiento con estas palabras: "... y pienso
en nuestro pueblo que se quedó deshecho por
culpa de la guerra hoy tengo que llorar por tí,
por la Rosina y por el hombre bueno al que no le
pudimos decir ... adiós papá".
Las expresiones propias del
inmigrante italiano se reflejan en el
"Cocoliche" farandulesco, aquel personaje
gracioso por la mezcla que hacía entre el idioma
del Dante y el castellano plagado de
argentinismos por influencia del lunfardo, el "vesre"
y los modismos que caracterizan a los habitantes
del Gran Buenos Aires, tal como quedan expuestas
en la letra de "Un kilo e’ tango" de
Aguamansa (seudónimo de Susana Lydia Orlandini)
en la parte que dice: "... y con ese tano
aprile que se manda los fucile ... morfa un kilo
..... " o la protesta que ensaya el
protagonista en el tango "Padrino
pelao"
de Enrique Delfino, cuando los
versos de Julio Alberto Cantuarias fueron
genialmente interpretados por Julio Sosa
mediante un recitado que incluía frases
champurreadas como la utilizada por el itálico
portero para prohibir el acceso a la fiesta de
casamiento de aquellos que no tenían invitación,
diciéndoles: "... aquí, n'esta casa, osté no
me dentra, me sun dado cuenta que osté es un
colao ...".
Otros títulos consideran a los
inmigrantes y a sus descendientes bajo ópticas
diferentes que guardan relación con los medios
de vida, como ocurre con el tango "Cinco
reales de antes"
de los uruguayos Enrique Soriano, Carmelo
Imperio y Donato Raciatti que habla de "...
el café del gringo, con viola y cantor
...", o la referencia que hace el tango
"Y taconeando salió"
de Ernesto Garrido y Modesto H. Papávero cuando
alude al "... conventillo del tano don
Yacumín ...", repitiéndose el ejemplo con el
tango
"Carnaval de mi barrio"
de Luis Rubinstein que habla del "... tano
verdulero, sentado en la vereda, mastica su
cachimbo cansado de fumar y en su sonrisa amarga
una nostalgia enreda, también allá en Italia
vivió su carnaval ...",
sin olvidar la semblanza que hace el tango "Organito"
de Juan Carlos Graviz con
relación al instrumento que mejor refleja la
actividad musical a cargo de los pioneros del
tango, homenaje que también involucra a los
músicos provenientes de la "bella Italia", tal
como queda reflejado en estos versos: "...
organito, tú que viniste de inmigrante, con un
gringo musicante y un monito bailarín ...".
El afán de
progreso exhibido por los italianos inmigrantes
se fundamentó tradicionalmente en su vocación
por el trabajo, siendo reconocida esa virtud en
la letra del tango "Saturnia' de Raimondo
Folenco y Nicolás Olivari con música de Juan de
Dios Filiberto, habida cuenta que resalta el
esfuerzo y la capacidad laboral por medio de las
estrofas que valoran lo realizado por el
inmigrante al reconocer que el "... gringo
con el arado levanta patria y, forjando está, la
nueva raza que va trenzando con lonja de alma:
latinidad ...", ocurriendo lo mismo con el
tango "Mi viejo el remendón" del uruguayo
Alberto Mastra, que exalta el esfuerzo paterno
por dar una vida digna a su familia,
especialmente cuando realiza la siguiente
evocación: "Destino de trincheta, de suelas y
plantilla, al pie de la banquilla en el viejo
galpón, el golpe del martillo cantaba tempranero
pa' darnos el puchero ... mi viejo, el remendón",
incluyendo un cariñoso recuerdo por la nonna
cuando dice: "La abuela ... de cabellera
rojiza, una tanita petisa de Morano ... sufre,
siempre peleando al destino por los queridos
bambinos de su hijo, el artesano".
La picardía del porteño colisiona
con la buena fe del inmigrante italiano de la
primera mitad del siglo XX en determinadas
situaciones,
tal como se desprende
de la letra del tango "Pipistrela" de
Fernando Ochoa y Juan Canaro, en
el fragmento que dice: "... tengo un coso al
mercao que me mira, que es un tano engrupido e’
crioyo; yo le pongo lo ojo p’arriba y
endemientra le pianto un repoyo ...",
repitiéndose el ejemplo en el tango
"Incurable", de Roberto Aubriot Barboza y
Guillermo Desiderio Barbieri, cuando reconoce al
inmigrante italiano entre las víctimas del
oportunismo delictuoso según el siguiente
relato: "... supe que
la otra mañana marchaste al Departamento porque
le afanaste el vento a un tano de Constitución
...".
El estilo de vida de los
habitantes de Buenos Aires queda expuesto en
"Juan Porteño",
un recordado tango de Héctor Marcó y Carlos Di
Sarli que refleja, graciosamente, las
alternativas que planteaba la modernidad a
mediados del siglo XX, diciendo: "...
ríe el pobre, canta el rico, ronca el tano en su
cotorro, se inventó el avión a chorro y el
chorro raja en avión, viene Gina, se va Gina y
de un pícaro planeta un marciano en camiseta
baja en plato volador ...",
incluyendo una referencia a la famosísima actriz
Gina Lollobrígida, tal como lo hiciera Esteban
Celedonio Flores en la década del veinte del
siglo pasado cuando redactó la letra del tango
"Lloró como una mujer" haciendo
referencia a "... una escena a lo Melato ...",
en alusión a la excelente interpretación
dramática de la actriz italiana María Melato en
cada una de sus representaciones teatrales.
La creatividad de los poetas
tangueros no se agota con el tema de la
nostalgia, el trabajo y la supervivencia en
general, dado que -contradiciendo el conocido
apego del italiano medio a la doctrina del
cristianismo- destaca la actitud de un
inmigrante que denigra al hijo de Dios, según
los versos originales del tango "Oro muerto"
de
Julio P. Navarrine y Juan Raggi
que dicen: "... jugando
a la rayuela, al salto, a las bolitas, mientras
un gringo curda maldice al Redentor ...",
letra modificada posteriormente por efecto de la
censura entronizada en el período 1943-1945 que
obligó a cambiar su título y parte de su
contenido, pues bajo el nombre de "Jirón
porteño" fue grabado por la orquesta de
Alfredo De Angelis con la voz de Julio Martel,
quedando ese fragmento con esta redacción: "...
jugando
a la rayuela, al salto, a las bolitas, mientras
un gringo curda la va de payador ...".
Dejo para el
final a un tango que resalta el carácter
cosmopolita que se reconoce a la Argentina desde
la sanción de la llamada Ley Avellaneda que
abrió las puertas a los inmigrantes de todo el
mundo, aunque la mayoría absoluta estuvo
representada por los hombres y mujeres nacidos
en Italia y España, tal como lo atestigua la
onomástica argentina.
Ese tango, titulado "Las tres
banderas", refleja la unión de ambas
nacionalidades merced a un matrimonio coronado
con la llegada de un descendiente argentino, tal
como señalan los versos de Carlos Russo sobre
una composición de Roberto Rufino en los que
destaca los lazos que emergen de esa conjunción,
revelando el origen de los protagonistas en su
parte inicial y a través del siguiente relato:
"Dejó
el cielo ardiente de la bella Italia, llegó a la
Argentina por una ambición: trabajar por ella,
su querida Amalia, la hermosa española que un
hijo le dio ...",
rematando la historia con el siguiente
fragmento: "... ahí están, las tres juntas,
tres banderas, reunidas en la mesa familiar: la
española tan leal y tan sincera, la italiana que
es pureza y es bondad, y la otra, la bandera de
mi patria, es del hijo, argentino, de los dos,
la bandera que es amparo del que llega a esta
tierra de esperanzas y de amor".
Ruben Mario De Luca:
escritor, ensayista; historiador y recopilador
de información relacionada con las cuestiones
culturales y sociales de la Argentina y el
mundo. Autor de los libros "Funcionarios
bonaerenses", "Historia de los apellidos
argentinos", "La tragedia del Fournier" y
"Familias platenses", encontrándose en
elaboración los ensayos titulados "El idioma del
tango - Glosario tanguero", "Diccionario mundial
de seudónimos" y "Significado de apellidos
italianos".
Por Ruben
Mario De Luca
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