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Crónica

Primera Etapa

 

      

 

C     

on aquel recurso humano, condiciones físicas y materiales y con un claro   panorama, a mediados de 1986, se da inicio a la organización de los estamentos primarios de la Residencia Asistencial Programada en Urología sin contar con los recursos económicos del hospital por muchos años. Se empieza rescatando ambientes, restaurando y modificando los materiales urológicos que se hallaron fortuitamente entorno a la consulta y en fin, dando libertad a la inventiva y a la creatividad de toda persona que con sus deseos de colaborar hacían bien al Servicio, sin olvidar, inculcar en el personal médico y paramédico del hospital, una doctrina sólida de hermandad, compañerismo y respeto. Paralelamente, en ese año se termina la redacción del plan de estudios de la Residencia Asistencial Programada en Urología.

Luego de haber concluido el diseño curricular y discutido ante las autoridades hospitalarias el contenido de su programa, que versaba sobre las actividades docentes, asistenciales y de investigación que el residente tendría que cumplir para culminar con éxito los cuatro años de entrenamiento en la especialidad de urología; fue sometido de inmediato al visto bueno del Jefe de Departamento de Cirugía y al debate de los miembros de la Comisión Técnica nombrada por la Dirección del Hospital; y en el preciso momento de haber recibido una comunicación por escrito que el diseño fue aprobado, se vio involucrado el personal médico para el desarrollo de su programa. Solidarios los urólogos del Servicio con aquella aprobación, participaron con un “viernes sagrado semanal” en donde se exponía temas urológicos bajo la modalidad de seminarios programados, tanto el Jefe de Servicio como los Adjuntos y Residentes llamados quirúrgicos. En forma paralela, se continuó trabajando en función de obtener mayores recursos económicos para cubrir las necesidades materiales del Servicio.    

El primer programa con su carátula verde, continuamente se ha dispuesto a ciertos cambios en su contenido y muchas veces, estas modificaciones obedecían a los planes de salud pública gubernamentales de turno, pero siempre, bajo la supervisión de las autoridades máximas hospitalarias y de los miembros del Colegio de Médicos del estado Lara.

En el año 1989, ingresa al Servicio de Urología el doctor Antonio Arturo Sosa, quien se suma a la idea de continuar adquiriendo equipos actualizados para el desarrollo de los métodos y de las técnicas urológicas de vanguardia y que por méritos propios fue designado posteriormente a tomar las riendas de la jefatura, él es el artífice del brillo que ostenta actualmente el Servicio y al que considero como el colaborador más amplio con mis sueños de docente, y sobre todo, de quien estoy eternamente agradecido por consagrarme toda una vida de amigo.