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“Toda institución sólo puede tener futuro, si está repleta de pasado” Prof. Antonio Puigvert G.
Este postgrado tiene su origen en el primitivo Servicio de Urología a mediados del año 1986, cuando al cumplirse los primeros 32 años del Hospital Central “Antonio María Pineda”, el Director Adjunto Docente Doctor Ramón Santos Monasterios, solicita una vez más al Dr. Ramón Horacio Machado, Jefe del Servicio de Urología, y al Doctor Rafael Ángel Saldivia su segundo Adjunto, le facilitaran las normas que deberían regir las funciones de los Residentes que asistían a esa institución, las que no fueron entregadas hasta ese momento. Si en aquella época, alguno en su estado más sereno se hubiese detenido a indagar por qué el Servicio de Urología mostraba un lóbrego y sordo rumbo, con seguridad hubiera escuchado a cualquier adjunto, justificar con absoluta certeza su añejada apatía dejada por el incesante flujo del tiempo. Esta total indiferencia demostrada o no, ponía de manifiesto el desinterés hacia las actividades asistenciales que cada uno debía cumplir, no obstante, al percatarme de que en el Hospital Central “Antonio María Pineda” se fomentaba aún el sincero compromiso con la docencia, tanto por vocación como por tradición, me impuse la tarea aún como residente de organizar este Postgrado. Por tal motivo, asumí una función que por demás no ha debido corresponder a mi condición de residente, pero las circunstancias me obligaron y la necesidad por el cambio pudo más. En esta enorme tarea en la que poco a poco sentía estar más inmerso, hube de considerar cómo hacer para que los cursantes alcanzaran el desarrollo de las habilidades y destrezas prácticas necesarias para construir una parte de su instrucción urológica, lo que sería posible sólo si el ejercicio constante y la dedicación estaban presentes y si a todo ésto se sumara el conocimiento teórico se completaría la formación del profesional competente, capaz de prestar asistencia de calidad a los ciudadanos a los que sirve. En el primer impulso de organizar este Postgrado, fue lógico pensar en construir con urgencia un inventario detallado de todos los recursos con los que contaba el Servicio y el resultado que arrojó fue: Que de los recursos humanos requeridos únicamente disfrutaba de un cargo como jefe de servicio a tiempo parcial con dos horas de contratación; un cargo de adjunto a cuatro horas de contratación, dos cargos de adjuntos a tres horas de contratación y uno de residente a tiempo completo, el personal de enfermería y de camareras era el mismo que cuidaba del Servicio de Cirugía General y de Servicios aledaños. En relación a los ambientes físicos donde funcionaba el Servicio, había sólo uno de hospitalización y era de uso común para el Servicio de Cirugía General y otros Servicios, ubicado en el cuarto piso del hospital, con 18 camas presupuestadas tanto para hombres como para mujeres; tenía un ambiente en el área de consulta general con tres cubículos integrados para atender la consulta externa de urología; un ambiente quirúrgico con dos turnos de pabellón que funcionaban a medias; además, compartía un ambiente común para atender las emergencias generales y las emergencias del paciente urológico, que para ese entonces eran manejadas por los cirujanos generales en formación. No existían ambientes para las actividades docentes, administrativas y mucho menos para la investigación. Referente al material urológico, se encontró instrumental antiguo, defectuoso y dañado como un cistoscopio de exploración marca Acmi, sin uso y acompañado de un lente de 30 grados con escasa visibilidad y un cable de fibra óptica con su fuente de luz sin bombillos y oxidada, dos juegos incompletos de beniques, algunas sondas antiguas para dilataciones ureterales y uretrales, una mesa urológica deteriorada que fue parcialmente reparada sin conseguir que funcionen sus elementos radiológicos incorporados y ningún material de enseñanza teórica para la urología de aquella época. |
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