La Deuda Externa en América Latina. Conformación y Consecuencias
 
Juan Morales González
Licenciado en Contaduría
Profesor Asociado DAC-UCLA

 

NA00837_.WMF (13080 bytes)La deuda externa del mal llamado Tercer Mundo se ha convertido en el primer factor de dependencia de estas tres cuartas partes de la humanidad, frente al llamado Mundo   Desarrollado, que ha encontrado en este factor, una formidable arma que sumada al infernal arsenal que desde hace tiempo maneja, conforma en nuestros días un anillo de fuerza como nunca antes había existido, oxigenado en grado-superlativo, por la crisis del campo socialista, que le ha permitido navegar en las tranquilas aguas de un mundo unipolar, tergiversando valores, imponiendo condiciones, llamando al abuso y al saqueo, derechos, a la imposición y al chantaje, respeto a la soberanía de los pueblos y a la demagogia del garrote, democracia, libertad y respeto a los derechos humanos.

Pueden parecer duras o ligeras las afirmaciones que anteceden, pero por desgracia, las mismas tienen una amplia base de sustentación, tanto, en la conformación, como en las consecuencias que la deuda genera.

Causas que han generado la Deuda en la América Latina

No se puede hablar de una sola causa, este complejo fenómeno tiene su base en un heterogéneo conjunto de factores internos y externos que hace difícil abordarlos en su totalidad, pues en la conformación, crecimiento y solidificación de esta condena, ha intervenido multitud de factores que han hecho de este fenómeno un nudo complejo, que mientras no se desate irá cerrando el anillo alrededor del cuello del Tercer Mundo, restándole el oxígeno para impedir que piense y tenga la fuerza para desatarlo. Aquí se mezclan factores económicos, políticos, sociales y culturales, que determinan su complejidad. Nos limitaremos a señalar solo algunos de ellos.

El desigual intercambio Internacional

Este aspecto está referido a los bajos precios que en los mercados internacionales manejados, manipulados y controlados, por ese grupo de países privilegiados, tienen los productos que exportan los países del llamado Tercer Mundo, exportaciones en su mayoría y por imperiosa necesidad, dirigidos a los mercados de los llamados países desarrollados, frente a las manufacturas que éstos reciben de aquellos, que encima de caros, siempre tienen una fuerte tendencia al alza y que son insustituibles para poder producir lo que necesitan, o en el mejor de los casos, los productos que exportan los países subdesarrollados incrementan su valor a una lenta velocidad, frente al acelerado crecimiento de los precios de las manufacturas que importan.

Esto como esta muy claro, genera un fuerte empobrecimiento en los países subdesarrollados y centraliza la riqueza en el que más tiene, condicionando al primero y favoreciendo al más rico, lo que permite seguir ensanchando aceleradamente la ya dilatada brecha entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado, con su amplia secuela de pobreza, miseria, abusos, injusticias, demagogias y enfrentamientos.

Unos cuantos ejemplos ilustrarán mejor este preocupante fenómeno:

Con el producto de la venta de 10 toneladas de banano, se compraba un tractor de 50 caballos de fuerza en 1970, para comprar ese mismo tractor en 1975, se tenía que vender 11.7 toneladas de banano, para 1980, ese tractor solo podía adquirirse con el producto de la venta de 12.4 toneladas de banano, ese bien para 1985, no era posible adquirirlo, sino con el producto de la venta de 13.4 toneladas de banano, para 1990 su costo era el equivalente al producto de la venta de 14.8 toneladas de banano, para 1995, el tractor podía pasar a manos del productor, si éste estaba en capacidad de pagar el producto de la venta de 16.1 toneladas de banano. En 25 años y a precios constantes, el tractor elevó su precio en 61%, si le damos al banano un valor constante, o sea, el precio que tenía en 1970.

Veamos otros ejemplos: en 1960 con el producto de la venta de una tonelada de café podían comprarse 37.3 toneladas de fertilizantes, en 1982, con una tonelada de café solo se obtenían 15.8 toneladas de fertilizantes. Para una caída de más del 136% en 22 años.

En 1959, podía comprarse un tractor de 60 caballos de fuerza, con el producto de la venta de 24 toneladas de azúcar. Para 1982, ese tractor costaba el producto de la venta de 185 toneladas de azúcar, para un incremento en toneladas de más del 379%, a un promedio anual de 16.5%.

Para 1959, la venta de 6 toneladas de fibra de yute proporcionaba el poder adquisitivo para comprar un camión de ocho toneladas. Para 1982, un vehículo semejante costaba el producto de la venta de 26 toneladas de fibra de yute, para un incremento en estos 23 años de un 334% a razón de un promedio anual de 14.5%.

Para 1959, con el dinero que proporcionaba la venta de una tonelada de alambrón de cobre, se adquirían 39 tubos de rayos x, para uso médico. Para 1982, con la venta de una tonelada de alambrón de cobre, solo podía comprarse 3 tubos de rayos x, para una caída de un 1200% a razón de un promedio anual de más de un 52%.

Esto ocurre con todos los productos que exporta el mundo subdesarrollado y las manufacturas que le envía ese mundo llamado desarrollado, que como ya se indicó, acentúa la pobreza en los primeros y la riqueza en los segundos.

Así que definimos el desigual intercambio internacional, al hecho de que los productos que exporta el Tercer Mundo, bajan permanentemente de precio, mientras que los productos que exporta el Primer Mundo, aumentan constantemente de precio.

La fuga de capitales

Las clases dirigentes de las sociedades que conforman el Tercer Mundo, que heredan, forjan e incrementan sus fortunas succionando el sudor y la sangre a sus propios pueblos, no se satisfacen con mirar y tratar a los brazos y el intelecto que les proporciona sus muchas veces mal habidas fortunas, con desdén y desprecio, pues sus apetencias no les permiten conciliar el sueño si esas fortunas las tienen expresadas en plebeyas monedas, pesos, sucre, cruceiros, bolívares, etc., y menos si los mismos están depositados en bancos nacionales, pues siempre existe el peligro, la posibilidad de una crisis financiera, que asuma la presidencia un patriota, un nacionalista y se le ocurra efectuar una investigación para ver como han sido forjadas esas fortunas o simplemente, aplique impuestos a esos recursos financieros estancados en los bancos. Esas posibilidades los impulsa a resguardar y expresar sus fortunas en monedas "aristo-cráticas", con especial deferencia por el dólar y también depositar esas fortunas en bancos "serios" amparados en gobiernos adictos y estables, donde los fantasmas de las crisis financieras no les gusta ir.

Ello generó y sigue generando, que estos señores cambien las plebeyas monedas por los apetecidos dólares. Pero como los países subdesarrollados no tienen muchas cosas que exportar y lo que exportan casi siempre se lo pagan a precio de gallina flaca, no tienen dólares para cumplir con las exigencias de estas clases dirigentes, lo que ha venido originando que éstas, dueñas del poder, utilicen al Estado para que pida a esa banca internacional los dólares que tanto ansían, que ingresan como bien público, pero que al cambiarle por las devaluadas monedas nacionales, vuelven a salir para el bolsillo de esa misma banca, pero como un bien privado, individual. De esta manera esas clases dirigentes ponen su fortuna a buen recaudo, lejos de los potenciales peligros que existen en su país de origen, pudiendo de esta forma conciliar el sueño e incrementar la deuda de su país haciéndole más dependiente.

Cuando esto ocurre, ha sucedido una fuga de capitales y esa riqueza producida en los países subdesarrollados, al fugarse condiciona, frena el desarrollo de quien lo produjo y viaja a beneficiar a países que nada han hecho para generarlo. De esta manera, se condena a quien lo produce y se beneficia a quien nada ha hecho, pero gracias a esta injusticia, el país queda más endeudado y cuando recurra a pedir nuevos créditos le devolverán esos mismos dólares que antes compró, pero por los que tendrá que pagar intereses y amortizaciones.

Si a estos dos ejemplos le sumamos otros aspectos, como las generalizadas corruptelas de esas castas dirigentes y encumbrados políticos, el Consumo Suntuario, al que sólo tiene acceso esas élites sociales, las deudas que en su inicio fueron privadas y luego por obra y gracia de la asociación de oligarcas y políticos se la han venido endosando al Estado, el pago de las obligaciones con la banca internacional con nuevos préstamos, o sea, el pago de esas obligaciones con otra deuda, nos daremos cuenta del gran número de causas que han venido generando estas deudas, entre las cuales no podemos olvidar los equipos represivos para las policías (escudos, peinillas, rolos, bombas lacrimógenas, ballenas y "tiburones") para bañar de colorantes o pestilente agua a quien reclama sus derechos, balas de goma o perdigones de plástico, etc.

A este amplio conjunto de factores de carácter interno le tendremos que sumar otras de manufactura exógena que han sido determinantes.

Causas Externas en la Conformación de la Deuda

Es bien conocido como la anárquica forma de producción que caracteriza a los países desarrollados, mucho más acentuada en la primera mitad del presente siglo y que originaba la saturación del reducido mercado conformado por pequeñas élites sociales que podían comprar al contado, fue el principal factor para desencadenar las llamadas Primera y Segunda Guerra Mundial. Pero al concluir la última contienda ocurre algo que cambia el infernal ciclo, por un lado surge el bloque socialista que nivela el poder en el campo internacional durante casi la totalidad de la última mitad del presente siglo y aparecen las armas termonucleares y los cohetes intercontinentales convirtiendo en vulnerable cualquier punto del planeta, ya no era posible que los pueblos europeos y otros, se matarán en fraticidas enfrentamientos, mientras los que se beneficiaban disfrutaban una "dulce vida" en otro lugar con amplia seguridad.

Esto jugó un papel decisivo en los cambios experimentados a nivel mundial en la última mitad del presente siglo, entre los cuales está el de la deuda. La aparición de las mortíferas armas termonucleares y del poder mundial dividido en dos polos, origina que ya no era posible recurrir a otra nueva Guerra Mundial para solucionar la crisis de superproducción, que por cierto, 50 millones de muertos que costó la Segunda Guerra Mundial, solo sirvió para solucionar el problema unos 15 años, pues para 1955-1960 ya comenzó a presentarse de nuevo el problema de superproducción; como no era posible recurrir al mismo método, el sistema social capitalista busca dar una respuesta a través de otros métodos, el primero fue las ventas a crédito, que no es más que dar el bien para que lo disfrute el consumidor antes que éste lo pague. Este método le permitió ampliar el núcleo de consumidores y por supuesto el mercado, pero poco tiempo después se observó que el problema de superproducción subsistía, que era necesario otras salidas, entonces el sistema recurre a la publicidad que bien puede definirse como una vulgar manipulación de la mente del hombre para que consuma más y muchas veces no lo que quiere o necesita, sino lo que le ponen. La combinación de las ventas a crédito y la publicidad, conforman los dos elementos centrales en la creación y consolidación de la Sociedad de Consumo.

Esta figura ha venido centralizando en manos de las clases dirigentes grandes masas de recursos financieros, hasta llegar al punto de generar dinero ocioso que estas clases han puesto en la Banca Internacional para que les produzca beneficios por intereses al no querer invertirlo, sino en negocios especulativos de alta rentabilidad.

Por otra parte, para 1973 se da aquella gran sacudida de la consolidación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), como es bien conocido las endebles economías de los países del Medio Oriente que conforman en un 90 por ciento dicha organización, no podían absorber las inmensas masas de petrodólares que les llegaron abruptamente y menos, muchos de ellos con estructuras sociales semifeudales. Ello provoca que gran parte de esos excedentes fueren a parar a las arcas de la Banca Internacional con el propósito de ganar intereses.

Estos dos factores fueron los principales para que la Banca Internacional se viera saturada de recursos que ganaban intereses y que ella tenía que colocar en el mercado, no solo porque ese es su negocio, sino porque la más simple lógica nos dice que no podría pagar los intereses a sus acreedores si no coloca esos recursos en el mercado para recibir los intereses que deben pagar sus clientes. Pero era tan crecida la masa de recursos a colocar, que era necesario estimular al mercado para que absorbiera esa gran masa de dinero. Esa necesidad, genera la creación de las célebres agencias especializadas en la venta de dinero que jugaron papel decisivo en el fenómeno de esa gigantesca deuda. Cada cliente era bien estudiado, no solo en el balance que podía presentar y que serviría de aval al préstamo, sino también en su aspecto psico-emocional para llevarle el discurso apropiado, en caso de que se negara y si la táctica empleada no rompía el hielo, se recurriría al soborno y hasta al chantaje para lograr el propósito.

Este conjunto de tácticas da origen a una profundización a términos inconcebibles de una corrupción generalizada que ha venido castigando a toda la América Latina y todo el Tercer Mundo como un cáncer que corroe todo el cuerpo social y que sigue castigando en todos los sentidos y direcciones.

Pero esa corrupción no solo sirvió para que los posibles clientes aceptarán los préstamos y la banca resolviera el problema de dar salida al dinero que se concentró en sus manos, sirvió también para que ese dinero se gastara más rápido, para volver a endeudarse más y para que ese endeudamiento no generara evolución y desarrollo, pero si profundizara la dependencia y generalizara aun más el hambre, la miseria y la marginalidad.

Crecimiento de la deuda en América Latina

La parte más desarrollada y que cuenta con la más variada y abundante variedad de recursos naturales de ese sufrido Tercer Mundo, es América Latina. Esto queda confirmado en la loca e inconcebible forma en que este fenómeno se generó, denunciando de paso el manifiesto interés, que los centros de poder tenían y tienen, en esta región.

Veamos cómo se conformó la deuda y como la misma arropó a los países que en el área podían liderizar una oposición a tal endeudamiento.

Para 1973, la América Latina tenía una deuda externa de 42 mil millones de dólares, o sea, de 1830 en que la región logra su independencia colonial de España a la fecha señalada, 143 años, la región tuvo que afrontar numerosos problemas heredados del proceso colonial como: construir escuelas, universidades, hospitales, carreteras, vías férreas, tierras cultivables, telégrafos, teléfonos, etc. Su deuda, que en alto grado fue para crear progreso y desarrollo, era ínfima comparada con lo que sigue. Para 1977, ésta se había elevado a 107 mil millones de dólares, en 4 años creció en un 154.8 por ciento, para un crecimiento nominal de 65 mil millones de dólares; para 1980, la deuda de la región llegaba a los 200 mil millones de dólares, en apenas 7 años a partir de 1973, se había disparado en 158 mil millones de dólares para un porcentaje de 376 por ciento. Pero esta desenfrenada carrera siguió tomando impulso y para 1982, solo dos años después, ya la deuda superaba los 300 mil millones de dólares, lo que con relación al punto de referencia en 1973, se había disparado en 258 mil millones de dólares, para un porcentaje de más de 614 por ciento. No crea distinguido lector, que las clases dirigentes y sus socios, la pequeña élite de políticos encumbrados, tomaron conciencia de tal locura, siguieron en esta loca carrera rumbo a lo desconocido y para 1985, sólo tres años después, la deuda llega a los 360 mil millones de dólares, para un crecimiento nominal de 318 mil millones de dólares y un porcentaje de más de 714 por ciento, para esta fecha la deuda de 1973 había sido multiplicada por 8.6 y seguía disparada sin ánimo de detenerse. Para 1994, dentro del desorden administrativo-contable que como epílogo caracteriza a este fenómeno, la deuda se estimaba en 450 mil millones de dólares, o sea, en 22 años siempre con referencia al punto de partida, la deuda de América Latina había dado un salto nominal de 408 mil millones de dólares para un crecimiento porcentual de 971.4 por ciento. Finalmente, un conjunto de voces autorizadas, estiman que la deuda de América Latina para el 31 de diciembre de 1997, estaba situada entre los 660 y los 700 mil millones de dólares. El acentuado e interesado desorden contable-administrativo no permite tener seguridad en el monto real de la deuda. Tomemos como cierto los 660 mil millones, esto con relación al punto de referencia nos dice que en 24 años la deuda ha crecido nominalmente en 618 mil millones de dólares, para un porcentaje de un 1.471.4 por ciento y ha multiplicado la deuda de 1973, por más de 15.7 veces. Para comienzos de 1998, se asegura que los tres países más grandes y desarrollados de América Latina acumulan más del 66 por ciento de esa deuda que hemos tomado como cierta para el 31 de diciembre de 1997. Así se dice que la deuda externa de México es de 150 mil millones de dólares, la de Brasil de 190 mil millones y la de Argentina llega a los 100 mil millones, si a ello le sumamos la de Venezuela que ya sobrepasa los 42 mil millones, tenemos que los cuatro países más endeudados de América Latina absorben el 73 por ciento de la deuda total de América Latina, lo que hace temer, que los 660 mil millones de dólares tomados como referencia, se han sobrepasado.

¿Quiénes se beneficiaron con esos recursos?

La más elemental lógica nos indica que esta inmensa masa de recursos financieros ha tenido por fuerza que crear avance, desarrollo, solución de múltiples problemas, creación de puestos de trabajo, felicidad para estos pueblos. Es terriblemente frustrante tener que reconocer que nada de eso se ha logrado, que la realidad se presenta con toda su crudeza, enterrando a la razón, a los deseos, a la justicia y a todo lo que se le oponga bajo un tétrico manto que no admite ni discusión, ni duda. Las estructurales crisis en que están enterradas las sociedades latinoamericanas, son por desdicha lo suficientemente fuertes y dolorosas para no admitir dudas, el pavoroso 80 por ciento de marginalidad que arropa a casi todas las sociedades de América Latina, los altos índices de desempleo, más de un 30 por ciento de analfabetismo en promedio, el millón de niños que muere anualmente antes de cumplir los 5 años por hambre y enfermedades de fácil curación, la terrible inflación, los crónicos déficit presupuestarios, las caídas del Producto Interno Bruto (PIB), y tantas otras cosas son por desdicha elementos suficientes para hablarnos de que esos cuantiosos recursos no han creado progreso y felicidad, como hubiese sido lo lógico y lo racional.

Razonable y natural sería que usted, amable lector, se pregunte, si esos recursos no dieron desarrollo y prosperidad a estos pueblos, ¿qué se hizo con tanto dinero?

Las clases dirigentes, entiéndase por tal, la asociación de la gran oligarquía y el puñado de políticos colocados en el cúspide de la dirección, con sus raras excepciones, usurparon estos recursos a través de múltiples componendas como estas:

Empresarios y encumbrados políticos formaban asociaciones y elaboraban proyectos de desarrollo y le pedían al Estado grandes volúmenes de recursos para llevarlos a la práctica, estos préstamos quedaban supuestamente avalados con las maquinarias, edificios, terrenos, que se comprarían con ese dinero, así aparecieron grandes proyectos como: la creación de una gran industria metalmecánica, agrícola, química, etc., que daría muchos puestos de trabajo, la construcción de complejos habitacionales, y urbanización de terrenos urbanos, la construcción de puentes, grandes complejos de edificios, etc. Una vez terminado el proyecto, aquellos que se cumplieron, pues muchos no superaron la etapa teórica y después de cobrar el valor del mismo, incrementando su valor original por supuestos incrementos, valores agregados, bufos incrementos de calidad, lo cual ocurría dentro de los dos o tres años muertos que el cómplice Estado concedía. Esto es, que durante ese tiempo, los empresarios no estaban obligados a pagar capital e intereses; estos señores se declaraban en quiebra, generalmente después de vender, traspasar o apropiarse de los mejores activos adquiridos, dejándole al Estado la chatarra para que se cobrara, mientras ellos depositaban el producto de su saqueo en la misma banca que le prestó esos dólares al Estado. Pero aún queda más oprobio y vergüenza en este episodio, pues tiempo después, que estos corruptos estuviesen disfrutando de sus fechorías y haber recibido placas, botones y reconocimientos por supuestos aportes al desarrollo del país, las urbanizaciones, complejos habitacionales o grandes edificios, comenzaban a hundirse y agrietarse, las carreteras y autopistas estaban intransitables, el puente no soportó la primera crecida del río y aún no ha podido operar el primer barco de gran colado en el puerto por los defectos de la estructura. Producto de la baja calidad tanto del material empleado, como de la deficiente técnica con que se elaboró el producto, cuyo fraude no tenía delincuentes y cuya estafa no tiene autores.

Otras veces la deuda se amparó en la conclusión y creación de proyectos seria y responsablemente necesarios, pero una larga cadena de intermediarios, propinas, comisiones, terminaba multiplicando su costo por un dígito alto o dos.

A estos procedimientos se sumaron otros como la fatal fuga de capitales. Los millonarios de América Latina que han forjado sus fortunas, muchas veces en varias generaciones, pero con el trabajo, el sudor y el sacrificio de estos pueblos, temen que pueda llegar al poder un patriota o nacionalista y decida investigar como nació y se formó muchas de esas fortunas y apliquen sanciones y expropiaciones a esos capitales malhabidos o simplemente, aplique impuestos a los capitales paralizados en los bancos; o también, a los procesos inflacionarios que padecen los países latinoamericanos o a las crisis financieras, derrumbes económicos, frustrantes políticas, etc. Todo esto les quita el sueño y buscan colocar sus fortunas al abrigo de monedas sólidas con preferencia el dólar y al amparo de gobiernos fuertes y robustos. Así cambian sus plebeyas y devaluadas monedas por dólares, pero como el país no tiene mucho que exportar para lograr el ingreso de dólares y lo que logran, siempre es poco para las necesarias compras en el mercado internacional, estos señores con poderosos mecanismos de presión, dueños de amplias cuotas de poder, presionan y chantajean, se asocian con los políticos, para que el Estado pida dólares a la Banca Internacional y los ponga a su disposición. De esta forma se fuga el capital de las manos de quien lo produce, condicionando su desarrollo y progreso y va a beneficiar a quien nada ha hecho por producirlo, con el agravante que al pedirlo el Estado es una deuda pública, del conjunto social, pero al fugarse, pasa a ser propiedad privada. Si a lo dicho le añadimos que la pequeña élite social presiona para que el Estado proporcione dólares para comprar en el mercado internacional artículos de lujo como automóviles costosos, Whisky escocés, caros perfumes, diversidad de cosméticos, televisores a colores, equipos de sonido, lámparas y otros objetos ornamentales a los cuales sólo tiene acceso esa minúscula élite social, por cuyo capricho y deseo el país se endeuda para su exclusivo goce y disfrute. A lo dicho debemos sumar el que muchas veces la banca le corta el crédito a los países morosos y éstos dirigidos por esas castas dirigentes, apelan al aberrante procedimiento de pedir un crédito para pagar la cuota de la deuda y así tener el crédito abierto para seguir la loca carrera del endeudamiento, pocas cosas son tan insultantes a la razón y la lógica como este de pagar la duda con otra deuda.

Lo dicho y otras cosas, nos hablan bien claro del por qué este enloquecido endeudamiento no ha servido para el desarrollo de estos países, pero si para hundirles en estas crisis estructurales que hoy les agobia y al mismo tiempo aclara quienes se han beneficiado, quienes son los responsables de estos desastres y quienes tendrán que responder ante la historia por los sufrimientos y los dramas de todos los calibres y tamaños que hoy azota a los pueblos de América Latina.

 

Este artículo continuará en el próximo número  de Compendium